Somos Ana Rosa y Gabriel Mendoza, artistas nacidos en Jalisco.
Somos un taller familiar donde el arte y la artesanía no se separan: se abrazan.

Antes de que existiera la marca, ya existían nuestras manos.
Antes de vender una pieza, ya estábamos creando.

Yo Ana Rosa crecí en un entorno donde la artesanía era parte de la vida diaria. En Jalisco, el barro, las flores pintadas a mano y los colores intensos no eran decoración: eran identidad. Desde niña entendí que lo que se hacía en un taller de artesanías podía emocionar mucho a las personas. Ahí aprendí el orgullo del oficio, la paciencia del proceso y el valor de lo hecho con dedicación.

Yo Gabriel Mendoza también nací en Jalisco, fascinado por quienes transformaban ideas en imágenes. Desde pequeño sentí la necesidad de dibujar, de tallar, de convertir una idea en algo visible. Mi impulso creativo siempre estuvo ahí: observando, imaginando y volviendo a intentar hasta que la forma coincidiera con lo que llevaba dentro.

Nuestra historia no empezó como negocio.
Empezó como inquietud.
Como búsqueda.
Como una necesidad profunda de crear con las manos.


Nuestra raíz

Venimos del arte popular mexicano.
De las flores, las aves, la naturaleza, el color.
De talleres donde el conocimiento se transmite mirando, haciendo y repitiendo.

Antes de consolidarnos como proyecto familiar, ya experimentábamos: cajas talladas, grabados, pintura, piezas únicas que mezclaban intuición y tradición. Siempre existió en nosotros el deseo de transformar lo cotidiano en algo que mereciera quedarse.

Con el tiempo decidimos unir nuestros caminos. Apostamos por vivir de lo que hacemos, por convertir el taller en espacio de trabajo y también de encuentro.


¿Cómo nació Gato Sandía?

Gato Sandía nació primero como una necesidad creativa y después como un proyecto familiar.

Antes de ser negocio, ya trabajábamos la artesanía mientras vivíamos en Jalisco. En nuestros tiempos libres creábamos piezas nuevas más por iniciativa propia que por un plan de negocio.

De manera casi accidental, comenzamos a mostrar esas piezas en una tienda local en Querétaro. La respuesta fue positiva y descubrimos que existía una oportunidad real de convertir nuestro trabajo en el sustento familiar. Fue ahí cuando el oficio dejó de ser solo producción creativa y se transformó en un negocio familiar consciente.

El nombre y la identidad visual llegaron después, a partir de una pintura específica: la idea de crear un gato que no estuviera acompañado de frutas, sino que él mismo fuera una fruta. 

Así nació Gato Sandía:
de la unión entre arte y artesanía,
de una decisión práctica que se volvió vocación.


¿Cómo trabajamos?

Nuestro proceso es compartido.

Gabriel imagina, dibuja, diseña.
Ana Rosa organiza, produce, estructura.
Las piezas pasan de unas manos a otras hasta encontrar su forma final.

En nuestro taller no hay fronteras rígidas entre arte y artesanía. Hay diálogo. Hay ajustes. Hay mirada crítica. Cada objeto lleva algo de ambos.

Creemos en la colaboración.
Creemos en el proceso.
Creemos en el tiempo invertido.


Lo que queremos provocar

Buscamos conectar.

Queremos que cuando alguien tenga una pieza nuestra frente a sí sienta: placer visual, calma, una sonrisa, una sensación de compañía. Que la pieza no sea solo decoración, sino presencia.

Nuestro universo visual se sostiene en tres ideas:
belleza, asombro y disfrute.


Nuestro manifiesto

Creemos en el valor de crear con las manos.
En la tradición como punto de partida, no como límite.
En la imaginación que transforma lo conocido.

No pensamos en legado como monumento.
Pensamos en coherencia.
En seguir creando mientras podamos hacerlo con honestidad.

Si Gato Sandía fuera un espacio, sería un jardín.
Un lugar que se cultiva todos los días.
Donde se siembra, se cuida, se espera.
Y donde cada flor que aparece nos recuerda por qué empezamos.

Somos Ana Rosa y Gabriel Mendoza.
Somos artistas nacidos en Jalisco.
Somos un taller familiar que decidió convertir su manera de crear en una forma de vida.

Y mientras nuestras manos sigan respondiendo a esa necesidad de imaginar,
aquí estaremos.